vie. Feb 15th, 2019

De Frente Cuando vinieron por mi… Por Miguel Ángel Mata Mata

De Frente

Cuando vinieron por
mi…

Por Miguel Ángel Mata Mata

1.
Vendía droga. Grapas, les llamaban. En la esquina del barrio llegaban y le compraban. Había de a cincuenta, de a cien, de a doscientos cincuenta y de a quinina.
Todos ganaban. El vecino, pobre, sabía que su hijo vendía. El de enfrente, rico, sabía que sus hijos consumían. Todos en el barrio lo sabían.
De pronto, llegaron ellos. Les exigieron una cuota para seguir vendiendo droga. Ellos pagaron. Otros no lo hicieron. Caro pagaron su error. Los mataron. Los que quedaron se fueron de Acapulco a otras ciudades.
Ya no venden droga. Se fueron. En el entorno de sus casas, y negocios, ya no hay dinero. No hay economía. Hay pobreza.
— ¿Quién les pedía cuota para seguir vendiendo droga?
No lo sé. Como yo no vendía ni consumía, no hice caso. Me valió.
2.
Primero fue la Coca Cola. Luego la Pepsi. Luego los Gansitos Marinela. Les quemaron sus coches. Les echaron Molotovs a sus puertas. Llamaron a sus gerentes y les enviaron fotos de sus hijos y mujeres.
No son narcos. Quién sabe qué cosa son. La Coca, en Tierra Caliente, cerró sus puertas. Marinela igual. Otras empresas hicieron lo mismo.
Han dejado a miles de familias sin un empleo digno y que les dé para comer.
Se han ido de Guerrero, pero…
Como yo no soy gran empresario no dije nada. Me valió.
3.
Le pusieron la pistola en la cabeza. Ella vendía artículos de “brujería”. “¡Pásele, aquí hay no me olvides!” “Lleve el amuleto del amor. Verá que su mujer no le pone otra vez los cuernos. Con ésta loción tendrá dinero y fortuna. No permita que la Santita lo abandone”.
Así decían. La Santa no le ayudó. San Juditas no apareció. Nadie le ayudó. Le pidieron diez mil pesos mensuales por seguir vendiendo ilusiones de amor. No quiso pagar pues “yo no mantengo bandidos”, dicen que dijo. Salió por unas “picadas” y allí le metieron tres tiros de plomo en la espalda. No despertó. Se murió.
Camino por ahí cada fin y, como no soy de esos que busca pócimas de amor, no dije nada. Me valió.
4.
Bajó las cortinas. No venderá. Es una fonda chiquita, con macetas y siempre olor a tierra. La comida corrida vale sesenta pesos. Es limpio, educado y barato. Los pocos gabachos que viven en Acapulco ahí desayunaban, comían y cenaban.
No lo harán otra vez.
Llegaron dos niños. No rebasan los dieciocho años de edad. Traían una cuarenta y cinco en las manos. ¡Ay Dios si hubiesen disparado! Allá hubiesen ido a dar con su esquelética humanidad. El fierro pesa más que ellos.
Le pusieron la pistola en la cabeza. Le dijeron: “El jefe mató a dos, ayer. Te los tiramos aquí, a una calle de distancia. Si no quieres que eso te pase, pagas cuota o cierras”.
Él cerró. Me lo dijeron. Pero, como yo no soy restaurantero, no dije nada. Me valió.
5.
Ya cerró el narco que vendía droga. Ya cerró la Coca y Marinela. Ya no venden Brujería en el mercado central. Ya no hay comidas corridas en la fonda del zócalo de Acapulco. Ya cerraron.
Ayer tocaron a mi puerta. Me dijeron que debo pagar una cuota por vivir en mi depa. Pero antes no hice nada. No protesté. Yo no era narco, empresario, vendedor de brujería o restaurantero. Hoy, que han llegado a casa para que les pague derecho de piso, no hay quien proteste. Se han ido todos.
¿Estoy solo?
6.
Grabado del poema presentado en el Memorial del Holocausto de Nueva Inglaterra en Boston, Massachusetts.
“Primero vinieron …” es un poema escrito por el pastor Luterano alemán Martin Niemöller (1892-1984). Se trata de la cobardía de los intelectuales alemanes tras el ascenso de los nazis al poder y la subsiguiente purga de sus objetivos escogidos, grupo tras grupo.
Muchas variaciones y adaptaciones en el espíritu del original se han publicado en el idioma inglés. Se trata de temas de persecución, culpa y responsabilidad:

Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista.
Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío.
Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista.
Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante.
Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada.
7.
No es el narco. Es el fuero común.
¿Lo entiende, señor fiscal general de Guerrero? Siga usted a la espera de las respectivas denuncias del miedo para que mueva usted un dedo de su imprescindible y graciosa presencia que da vigor a la impunidad. Gracias.

8.
Éste artículo va a la memoria de Gabriel Soriano, ejecutado; César Zambrano Pérez, ejecutado; Miguel Ángel Lépez Vela, infarto y Felipe Aldape, paro respiratorio. Estamos a 28 de octubre del 2018.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *