vie. Oct 18th, 2019

La guerra que viene Miguel Ángel Arrieta

La guerra que viene

Miguel Ángel Arrieta

Sí alguien pensaba que con el inicio del nuevo gobierno federal quedará atrás en Guerrero el debate partidista post electoral, nunca pudo estar más equivocado: en el fondo, la asunción de Andrés Manuel López Obrador será el silbatazo para que en esta entidad inicie una etapa cruenta de desencuentros, desafíos y disputas mediáticas como parte de un campo de batalla por la gubernatura del 2021.
Guerrero es un caso emblemático para el lopezobradorismo, ya que en su calidad de parcela priista el tricolor apostará hasta lo inimaginable en un afán por conservar este territorio, lo que de lograr significaría el posible inicio de su resurgimiento, pero Morena luchará en esta etapa aún más que cuando disputó la presidencia de México para sumar este triunfo al amplio medallero obtenido en 2018.
En realidad, la trayectoria que anticipan seguir al menos durante el 2019 los titulares de poderes políticos y jefes de grupos partidistas decisivos, refleja un mapa de rutas tan dispersas y accidentadas, que a pesar de apegarse a estrategias encontradas y confrontaciones frecuentes, paradójicamente en el mediano plazo confluyen en un terreno común: la lucha por la gubernatura.
El problema es que en un contexto previsible de campaña hiper anticipada, lo que resulte colocará a Guerrero en una disyuntiva radical ante el riesgo de que los golpes entre grupos políticos se intensifiquen de tal manera que terminen bloqueando la viabilidad de propuestas de crecimiento social para todo el estado.
No será la primera vez que la lucha por el poder político en Guerrero genere una involución. Los generales de las facciones que protagonizarán la guerra que viene conocen estos costos, pero mantienen su avance.
Al menos así lo indican tres frentes:
1.- Por lo pronto, el líder de la mayoría legislativa de Morena y Coordinador del Congreso local, Pablo Amilcar Sandoval, enfoca su estrategia en acotar desde la diputación el margen de movilidad político del Gobernador Astudillo, y administrar la burocracia federal que tendrá bajo su cargo cuando asuma como superdelegado federal, para operar a favor del morenismo.
El punto de partida de Pablo Amilcar Sandoval Ballesteros es el próximo análisis del paquete Fiscal 2019 entregado hace unos días por el Secretario de Finanzas del estado, Tulio Pérez Calvo al Congreso del Estado. Amilcar identifica la discusión del presupuesto estatal del siguiente ejercicio como la mejor oportunidad para dejar claro que en México, y en Guerrero, las reglas del juego cambiarán diametralmente.
Pablo Amilcar sabe que no siempre contará con un amigo en la presidencia de la República.
2.- Desde su posición como jefe del poder Ejecutivo en la entidad, el Gobernador Héctor Astudillo Flores definirá aun cuando no se involucre personalmente, la ruta que seguirá el priismo en el debate para ir ganando posiciones rumbo al 2021.
En el pasado proceso electoral Astudillo se desmarcó notablemente del tema electoral, por lo que se prevé una estrategia similar en la que él ocupe un papel moral estratégico y el mando del priismo lo asuma el Senador Manuel Añorve Baños, identificado ya por grupos del tricolor como el aspirante natural a competir por la gubernatura.
De ahí que cada fin de semana Manuel Añorve visite las diferentes regiones de la entidad. Celebra alianzas con alcaldes y dialoga con el activismo de partidos ampliamente lesionados el pasado primero de julio.
3.- El perredismo al que numerosos críticos daban por muerto en Guerrero, apuesta a la visión y experiencia del viejo lobo de mar que es el ex gobernador Ángel Aguirre Rivero. Cautelosamente, el ex mandatario teje una estructura de poder apoyada en los 28 ayuntamientos que ganó el sol azteca, y se acerca a los viejos aliados nacionales que le apostaron a su gubernatura, entre ellos Marcelo Ebrard, ahora virtual Secretario de Relaciones Exteriores de México y el propio AMLO.
Desde su posición, los perredistas se abren a todas las perspectivas frente a lo que viene, incluida una alianza con el PRI y ratificar su nada nueva estrategia de convocar al PAN y Movimiento Ciudadano del empresario Luis Walton Aburto.
En términos logísticos, Morena tal vez disponga de mejor equipamento y recursos que sus adversarios, pero carece de experiencia en elecciones estatales; el PRI tiene bien claro lo que quiere y como lo puede conseguir, su problema es el cruce de la circunstancia local de inseguridad; mientras que el PRD y acompañantes no encuentran la fórmula para diluir el sello endeleble de Ayotzinapa, y ahora el negro legado de Evodio Velázquez en Acapulco.
Lo peor que le puede ocurrir a Guerrero es que estas fuerzas se olviden de mantener una lucha civilizada el trienio que viene.

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